PIERDELE EL MIEDO AL RATON

El interés que habéis mostrado por conocer las nuevas tecnologías de la comunicación y la información, así como, la demostración de que el aprendizaje de estas herramientas no está reñido con la edad, sino más bien con la forma en que se transforma la información en conocimiento, me ha invitado a reflexionar sobre el tema. Por ello, quier compartir con los inquietos navegantes alguna de las reflexiones y conclusiones a las que han llegado los que de verdad saben de esto. Para no aburrir, lo haré poco a poco.

En esta primera entrega, pretendo realizar una breve reflexión sobre las nuevas formas de exclusión en la sociedad red: cómo surge, su evolución, su dimensión, los factores que la determinan y la manera de medirla. En la segunda entrega, localizaré en España la repercusión de las TIC como forma de exclusión en las personas mayores a través de diferentes análisis elaborados. A partir de aquí reflexionaré sobre inclusión y propondré diferentes iniciativas y fórmulas de inclusión relacionadas con la alfabetización digital como herramienta que aminore la brecha digital existente.

La aparición de internet a finales de los años 60 y, más concretamente la revolución tecnológica desarrollada a comienzo de los años 90 del pasado siglo, han propiciado que el mundo en el que vivimos esté organizado socialmente imbricado a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. La mundialización de la economía, la globalización de la cultura o la transferencia de información a través de las redes de comunicación social son un fiel reflejo de la esta innegable revolución histórica. Del mismo modo, esta revolución ha alcanzado a las formas de estudiar, entender, medir y evaluar la exclusión social y sus efectos en la llamada nueva sociedad red.

LA ERA DE LA INFORMACIÓN Y EXCLUSIÓN SOCIAL

La evolución de la humanidad ha estado estrechamente ligada a las invenciones, tales como las herramientas de labranza, que a lo largo de los siglos, permitieron a los hombres pasar de una sociedad nómada a la sedentaria. Del mismo modo, muchos cientos de años después las técnicas de navegación abrieron las posibilidades de intercambio del conocimiento. La invención de la imprenta en el S.XV revolucionó las formas de difusión y, más recientemente, la máquina de vapor o el descubrimiento de la electricidad propiciaron, al menos en Europa, el paso de una sociedad agraria a otra industrial. Sin duda, la segunda mitad del S.XX ha sido el periodo de la humanidad en el que se ha producido la mayor aceleración de este proceso de evolución gracias a la larguísima lista de descubrimientos que posibilitaron el paso a la sociedad posindustrial. Por último, según recoge Ballestero en La brecha digital. El riesgo de Exclusión en la Sociedad de la Información en las últimas décadas, (2002,27) en el pasado siglo hemos sido testigos de lo que en 1994 Alvin Toffler definía como: somos la última generación de la antigua civilización y la primera de la nueva civilización.

Una de las particularidades de este proceso ha sido la rapidez de este último cambio. Se necesitaron siglos para pasar de la caza a la máquina; sin embargo, han bastado poco más de una década para llegar a la Sociedad de la Información (Ballestero, 2002).

Tal y como indica Manuel Castells en La era de la información (Castells, 2000), actualmente vivimos tiempos confusos, que por otro lado frecuentes en los períodos de transición histórica entre las diferentes formas de sociedad. Es muy cierto que nos encontramos en una etapa de cambios veloces y vertiginosos. Valga esta pequeña muestra como ejemplo: en el verano de 1988 había en España una lista de espera de 700.000 clientes que clamaban por una línea telefónica fija cuando el plazo de instalación sobrepasaba los seis meses.

En poco más de diez años la penetración del teléfono fijo en los hogares españoles alcanzó casi el 90% frente al poco más del 60% el año 1988. Del mismo modo, la introducción y uso de internet en el mundo se ha incrementado vertiginosamente en los últimos diez años. Evidentemente, el acceso a internet, condiciona el aumento del consumo de equipos y bienes de tecnología digital que a nivel mundial ha tenido un crecimiento comparable al del acceso a la Red.

Las sociedades van evolucionando y se van transformando empujadas por complejas sumas de factores culturales, económicos, políticos y tecnológicos. Sin duda estos últimos son los que han facilitado y propiciado el vigente cambio social. Como apunta Castells (2002), las tecnologías evolucionan gradualmente hasta que tiene lugar un cambio cualitativo de primera magnitud, es decir, una revolución tecnológica que desemboca en un nuevo paradigma tecnológico. Lo que significa a la revolución tecnológica actual no es el dominio del conocimiento y la información, sino la aplicación de ese conocimiento e información a aparatos de generación de conocimiento y procesamiento de la información y la comunicación, en un bucle que se retroalimenta de la incesable innovación de las tecnologías y sus usos.
De momento, por hoy, basta.

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